Lac d’Aiguebelette
Lago esmeralda cálido y sin lanchas a motor
Dirección
oeste de Saboya
GPS
45.55, 5.7833
El Lac d'Aiguebelette, en el oeste de Saboya, es uno de los mayores lagos naturales de Francia y es conocido por su agua verde esmeralda, agradablemente cálida en verano. Para proteger la naturaleza, las lanchas a motor están prohibidas. Dos pequeñas islas y tranquilas calas de baño lo convierten en un destino apacible lejos del bullicio.
Lo más destacado
- Agua verde esmeralda y cálida
- Lanchas a motor prohibidas por protección
- Dos pequeñas islas
- Tranquilas calas de baño
Bueno saberlo
| Tamaño | uno de los mayores lagos naturales de Francia |
| Particularidad | sin lanchas a motor |
| Agua | verde esmeralda, cálida |
| Región | Saboya |
Información práctica
Cómo llegar: En tren hasta Chambéry, después en autobús; en coche por la A43.
Mejor época: Baño de junio a septiembre.
Costes: Playas en parte de pago (consultar actualidad).
Seguridad: Lago de baño tranquilo, apto para familias.
Consejos:
- Alquilar un patín o una canoa, sin ruido de lanchas a motor
Contexto e historia
El Lac d’Aiguebelette se encuentra encajado entre las boscosas alturas del macizo de l’Épine, en Saboya, lejos de las grandes corrientes turísticas, y figura entre los lagos de baño naturales más cálidos de los Alpes franceses. Su coloración verde esmeralda la debe al agua rica en minerales y al fino lecho, y como desde hace tiempo rigen estrictas normas de protección, el lago está cerrado a las lanchas a motor, lo que le ha conservado una rara tranquilidad y una calidad del agua excepcional. Por esta pureza, el lago fue incluso elegido durante un tiempo como sede de regatas internacionales de remo.
La cuenca surgió en el pasado glacial, cuando enormes glaciares excavaron la roca blanda y, tras su retirada, dejaron una depresión llena de agua, en la que hoy se encuentran dos pequeñas islas densamente boscosas, cuyo silencio ofrece refugio a las aves acuáticas y a plantas raras. Los pueblos cercanos a la orilla viven del turismo discreto y de la pesca, y sobre el lago se alza la alargada pared rocosa de la Dent du Chat, a cuyo nombre se vinculan leyendas locales de un gigantesco gato demoníaco que la creencia popular suponía en su día en estas montañas. En verano sencillas playas y pasarelas de madera jalonan la orilla, y las barcas de remo se deslizan en silencio sobre el agua cálida. Esta mezcla de naturaleza protegida y apacibilidad saboyana confiere al lago un carácter casi meditativo.
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