Catinaccio (Rosengarten)

El macizo dolomítico del resplandor alpino

Dirección

zwischen Eggental und Fassatal, Südtirol

GPS

46.47, 11.63

Dirección

zwischen Eggental und Fassatal, Südtirol

GPS

46.47, 11.63

El Catinaccio (Rosengarten) es uno de los macizos dolomíticos más conocidos y famoso por la Enrosadira, el intenso resplandor rosado de sus paredes al atardecer. Según la leyenda, el rey Laurino transformó su jardín de rosas en roca petrificada. El macizo, con la Cima Catinaccio (Rosengartenspitze), ofrece exigentes vías ferratas y excursiones por pastos con buenas vistas.

Lo más destacado

  • La Enrosadira, el resplandor alpino rosado de las paredes
  • La leyenda del jardín de rosas del rey Laurino
  • Vías ferratas y excursiones de refugio alrededor del macizo
  • Vistas desde el refugio Kölner Hütte y el Passo di Costalunga (Karerpass)

Bueno saberlo

Altitud Cima Catinaccio 2.981 m
Particularidad Enrosadira (resplandor alpino)
Patrimonio UNESCO Dolomitas
Puntos de partida Passo di Costalunga, Val d’Ega, Val di Fassa

Información práctica

Cómo llegar: en coche o autobús al Passo di Costalunga; teleférico al refugio Kölner Hütte.

Mejor época: de junio a octubre; al atardecer para la Enrosadira.

Costes: teleféricos de pago (consultar actualidad); senderos gratuitos.

Seguridad: las vías ferratas solo con equipo y experiencia; senderos bien señalizados.

Consejos:

  • Para el atardecer, quédate en el Lago di Carezza o en el Passo di Costalunga
  • El Lago di Carezza, antes del paso, refleja el macizo de forma especialmente bella

Contexto e historia

El Catinaccio, en alemán Rosengarten (jardín de rosas), es uno de los macizos más famosos de las Dolomitas y debe su nombre poético a una de las leyendas más bellas del espacio alpino. Según la tradición, el rey de los enanos Laurino poseía aquí un espléndido jardín de rosas. Cuando le arrebataron su reino, maldijo las rosas para que nunca más se las viera, ni de día ni de noche. En su ira, sin embargo, olvidó el crepúsculo, y así las paredes rocosas resplandecen hasta hoy en el rojo del amanecer y del atardecer con ese fulgor rosado que los ladinos llaman Enrosadira.

Esta leyenda cuenta, con ropaje de cuento, lo que la ciencia explica como resplandor alpino: la cálida luminosidad que adoptan las claras paredes dolomíticas poco antes del amanecer y tras el atardecer. Geológicamente, el macizo está formado por los restos petrificados de arrecifes de coral primigenios que surgieron hace unos 250 millones de años en un mar tropical y que más tarde fueron plegados. Con sus audaces torres y paredes, ante todo las Torres del Vajolet, el Catinaccio pertenece, desde los días pioneros del alpinismo, a los grandes destinos anhelados por los escaladores, y hoy forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO de las Dolomitas.

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